La técnica del reloj
por Luis Sebastián Pascual

(artículo escrito inicialmente para el blog de Luis García Carrasco, elartedelamemoria.org)

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Todo empezó cuando un día quedé con un amigo a las seis de la tarde. Para recordar la hora pensé en lo más obvio, convertir en número en palabra mediante el código fonético y luego establecer una asociación mediante alguna imagen etc. etc. Lo de siempre.

Muy aburrido.

Me di cuenta de que no recordaría la hora si el sistema no resultaba atractivo, y que en cierta forma estaba traicionando el espíritu de la mnemotecnia, pues su principal virtud siempre ha sido el hecho de convertir el anodino acto de memorizar en una fantástica aventura donde la creatividad manda.

Decidí entonces improvisar una nueva estrategia para recordar la hora, y así es como surgió la técnica del reloj.

La idea es la siguiente: sobre un mapa de España, tomando Madrid como punto central, sitúo el dibujo de un reloj. Cada hora coincidirá -más o menos- sobre alguna ciudad conocida que puedo tomar como referencia para representar esa hora. Por ejemplo, para las 12 puede ser Santander, para la 1 Pamplona, para las 2 Zaragoza, para las 3 Castellón, etc.

La técnica del reloj
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Las 6 coinciden sobre Granada, así que para recordar que había quedado con mi amigo a las seis lo imaginé vestido como Boabdil paseando por la Alhambra de Granada. Así, al pensar en él, me vendría la imagen de Granada que geográficamente está situada a las 6, lo que me señalaría la hora a la que habíamos quedado.

Si en lugar de a las seis hubiésemos quedado a la una, lo habría imaginado con un pañuelo rojo y un periódico en la mano corriendo frente a los toros en los sanfermines de Pamplona (1); de haber quedado a las dos, lo imaginaría con el clásico traje aragonés bailando una jota frente a la pilarica de Zaragoza (2); de haber sido a las tres, iría con el gorro de piloto buscando un avión en el tristemente famoso aeropuerto sin aviones de Castellón (3); etc.

En resumen: puedo representar los números mediante ciudades cuya posición en el mapa coincide con la posición de los números en el reloj.

Perfeccionando la técnica.

A la hora de seleccionar una ciudad, tan importante como su posición geográfica es que conozcas algo característico de esta ciudad que puedas utilizar para representarla. Por ejemplo, para las doce viene bien Santander, pero si no sabes nada de esta ciudad quizás sea más útil escoger Bilbao, aunque geográficamente no esté situada exactamente a las doce.

Si tus conocimientos de geografía son escasos, puedes intentar la variante de usar como punto central la localidad donde vives y escoger, para las horas, ciudades y pueblos de alrededor de tu municipio, que seguramente conocerás mejor al estar cerca de casa. El problema es si vives en una ciudad costera, pues en este caso habrá un lado donde sólo hay mar.

Otra posibilidad es reducir el reloj al tamaño de tu ciudad. A partir de un lugar céntrico, escoge barrios, parques, edificios o comercios conocidos que más o menos coincidan sobre los puntos donde estarían las horas del reloj. Aquí la ventaja es que incluso puedes visitarlos y estudiarlos para lograr después mejores composiciones del lugar.

Una vez seleccionados los lugares, nada impide utilizarlos como si se tratara del clásico método “loci”, pues contando del uno al doce tienes una ruta circular de doce ítems o lugares donde situar los datos a recordar. Ahora bien, una ruta de sólo doce lugares parece algo corta, pues solamente permitiría recordar doce cosas, pero ampliarla es fácil.

Una posibilidad muy sencilla es la siguiente: si la escena transcurre de día, los valores son del 1 al 12; si transcurre de noche, del 13 al 24. También podríamos seleccionar dos ciudades para cada hora, una que esté cerca del centro, otra más alejada. Por ejemplo, para las seis podría escoger primero Jaén y luego Granada.

Pero si realmente necesitas memorizar muchos datos, aprovechemos las horas y los minutos. Para las horas escogemos ciudades, como hasta ahora, y los minutos los representaremos según el código fonético. Por ejemplo, las tres y cuarto sería una tela en Castellón (castellón=3; tela=15 según el código fonético); las seis y media una mora en Granada (Granada=6; mora=30). De esta forma, si para cada hora tenemos sesenta minutos, una vuelta completa de reloj supone 720 lugares.

Conclusión.

La técnica del reloj aprovecha pues, no solo para recordar la hora, sino para muchas más cosas. No será necesario devanarse mucho los sesos para, con un poco de imaginación, adaptar la idea original a otros fines (a mí ya se me ha ocurrido algo mientras escribía estas líneas).



Comentarios

1

Me gustó, en muy poco tiempo pude hacerme 12 casilleros mentales con los lugares que rodean la plaza de mi ciudad y ya estoy explorando otros usos para la idea. Quizás se podría usar un reloj de 24 horas para aprovechar el doble ángulos y armar más casilleros, aunque ya no serían de visualización tan rápida como el de 12 y probablemente no permitiría improvisar igual de bien. Gracias.


2

Muy Bueno...
Los puedo Encontrar en Facebook?


3

Luis de Sebastián, UCA El Salvador?


4

Lástima que Chile sea tan delgado que la mayoría de mis amigos acabarían ahogados en el pacífico o perdidos en los andes. jejeje.


5

Que viva la mnemotecnia, por su creatividad. Aprender algo, ya no es tan gravoso necesariamente. Es muy entretenido. Gracias por esta sugerencia. Tomo nota, porque es muy buena. Saludos.


6

Me gustó, en muy poco tiempo pude hacerme 12 casilleros mentales con los lugares que rodean la plaza de mi ciudad y ya estoy explorando otros usos para la idea. Quizás se podría usar un reloj de 24 horas para aprovechar el doble ángulos y armar más casilleros, aunque ya no serían de visualización tan rápida como el de 12 y probablemente no permitiría improvisar igual de bien. Gracias.


tecaze